# LCMS Convention Workbook_St. Louis Missouri_2013_S386 # Machine transcription, uncorrected — CHI Digital Archive (demonstration) 386 THEOLOGICAL DOCUMENTS­­—COMMISSION ON THEOLOGY AND CHURCH RELATIONS A pesar que uno no puede tratar de cumplir la ley de Dios en un sentido abstracto sin tener en mente a un prójimo concreto, Lutero también nos enseña que la ley de Dios está por encima de tal o cual vocación, trabajo, oficio y prójimo en particular.90 Esto agrega otra capa de complejidad al debate migratorio y evita que tomemos una postura exclusivista con respecto a nuestra vocación y oficio que convenientemente deje afuera algunos prójimos importantes que no caben dentro de nuestros estados. Sin lugar a dudas, a pesar de la distinción antes hecha entre el cristiano que actúa por sí mismo y el cristiano que actúa desde su oficio, los cristianos siempre deben buscar la forma, en tanto y en cuanto sea posible, de tratar con el prójimo sufriente aun cuando éste se encuentre fuera del ámbito de su vocación particular. Si bien uno debe luchar por cierto prójimo en particular, uno no puede utilizar esa lucha para justificar el dejar a otro prójimo sufriendo. Desafortunadamente, la vocación puede ser practicada de tal forma que algunos prójimos quedan automáticamente excluidos. Sin embargo, la ley de Dios nos llama a servir a cada prójimo—incluyendo a nuestros enemigos—cuando se presenta la oportunidad (Lc. 6:27-28). ¡Qué gran llamado! Da que pensar que Dios demande tanto de nosotros. Por un lado, debemos alegrarnos en nuestras vocaciones y asistir primero a los prójimos a quienes hemos sido llamados a servir. Por otro lado, cuando surge la oportunidad de servirles, debemos tener en mente las necesidades de todos nuestros prójimos—incluso de aquellos que viven entre nosotros sin documentación legal. Debemos estar prontos a servirles, y no podemos usar la vocación como una excusa para no hacerlo. Algunos cristianos, que no pueden hacerlo desde su oficio en particular (por ejemplo, el agente de frontera anteriormente mencionado), lo hacen en forma individual. Otros cristianos, cuya primera vocación los pone en una posición en la cual están llamados a cuidar de sus prójimos inmigrantes, también van a poder ofrecer tal servicio desde su oficio en particular (por ejemplo, un abogado de inmigración pro-bono). En el debate migratorio también debemos hablar sobre la necesidad de servir a los prójimos más necesitados y vulnerables en nuestro medio al decidir a cuál “prójimo” servir primero. Los inmigrantes se encuentran entre los prójimos más pobres y más vulnerables de todos. La prioridad de amar al más necesitado debe ser seriamente considerada.91 Habiendo dicho esto, algunos 90 “El ‘orden común del amor cristiano’ está por encima de ‘los estados’. Al mismo tiempo, sólo los llamados a una vocación particular son responsables por las obras especiales de esa vocación. Las mismas obras no son requeridas para todos; más bien, cada uno tiene diferentes obras de acuerdo con su estado y vocación. Sin embargo, todos son igualmente llamados a amar de la misma manera; a través del amor, ‘uno sirve no sólo los tres órdenes, sino también a cada persona necesitada en general, con toda clase de buenas obras.’ Por lo tanto, el servicio del cristiano para con su prójimo va mucho más allá de las obligaciones regulares de su vocación… La ética de Lutero es una ética de estado y vocación, pero no en un sentido exclusivo.” Althaus, The Ethics of Martin Luther, 40-41. 91 La prioridad de amar al más necesitado no debería confundirse con la expresión “opción preferencial por el pobre”, si con este último término se quiere decir que el pobre está más cerca dirán que otros prójimos, que no son inmigrantes pobres, también son muy vulnerables y necesitados en lo que se refiere a ciertas protecciones que la ley debe implementar a su favor y proveerles. En tales casos las prioridades se han argumentado desde una vocación en particular y abogando por algún prójimo o grupo de prójimos en particular. Y aún así, en todas sus discusiones sobre la ley civil, los cristianos son llamados a considerar no sólo sus vocaciones particulares y sus prójimos específicos, sino también la voluntad y mandatos claros y eternos de Dios dados en la Escritura de recordar, cuidar, y tratar justamente a los prójimos inmigrantes en su medio. Es cierto que los cristianos van a discrepar en cuanto a cómo tratar todos los temas y demandas que hemos mencionado, pero que deben hacerlo no es negociable. Últimas observaciones y exhortación final Al reflexionar sobre nuestra respuesta a los problemas migratorios hasta ahora, es tiempo de resumir algunas observaciones. La teología luterana contribuye con un número de pautas y principios escriturales y confesionales para encarar el debate migratorio actual, y deja lugar para desacuerdos entre los cristianos sobre temas del reino de la izquierda, sin disturbar la unidad en Cristo basada en el reino de la derecha, en donde el Evangelio salva. Mientras que la teología luterana afirma la responsabilidad de los cristianos de obedecer a las autoridades civiles, también deja espacio para que los cristianos juzguen el nivel de justicia y rectitud de ciertos aspectos de la ley migratoria. Tales juicios y respuestas dependerán del prójimo a quien han sido llamados a defender, y proteger y, por lo tanto, de su vocación y oficio. Por lo tanto, la teología luterana nos fuerza a considerar las leyes civiles no sólo en forma abstracta sino también en forma concreta, abogando por prójimos o grupos de prójimos particulares. En el debate migratorio siempre hay un rostro humano. Cuando los cristianos debaten sobre un tema complejo por el bien de su prójimo en el espíritu cristiano de amor y humildad, deben hacerlo no sólo apelando al uso de la razón y la persuasión, sino también pensando lo mejor del prójimo con quien y acerca de quién están hablando. También debemos advertir contra el mal uso de la teología luterana para justificar una posición desequilibrada. Por un lado, el deseo de proclamar el Evangelio y hacer obras de caridad puede crear un rechazo a tratar el tema de las leyes migratorias. Al considerar lo que la Biblia dice acerca del mandamiento de Dios de amar a los extranjeros entre nosotros, debemos también tomar seriamente el mandamiento de Dios de obedecer a las autoridades. Por otro lado, el deseo de promover la ley puede fomentar una actitud pasiva y de ganar el favor de Dios basado en su condición de vida y, por lo tanto, aparte de su fe en Cristo. Por lo tanto, en un marco de referencia luterano, el término “prioridad de amor” debería ser utilizado sólo en la esfera de la justicia de la ley, que trata con nuestra relación delante de los seres humanos o nuestros prójimos. No pertenece al artículo de justicia de la fe, que trata con nuestra relación delante de Dios a través de la fe en Cristo. Para una distinción entre las dos clases de justicia, ver Ap. IV, 21-26 (LC, 81-82). 44 45 hasta idólatra hacia el gobierno y la ley civil que no lleva a una consideración seria de una situación potencialmente injusta. En este caso, el cristiano debería tomar seriamente el mandamiento de Dios de amar al prójimo inmigrante, pero también debería tratar de estar bien informado acerca del estado de la ley migratoria civil y sus potenciales problemas e injusticias, precisamente por respeto a la ley de Dios en general y por la ley en particular. La teología luterana nos ayuda a evitar extremos. Debemos reconocer que fallamos en ayudar a algún prójimo y que no cumplimos con todo lo que la ley nos demanda. Todos pecamos de varias maneras cuando tratamos de cumplir con nuestras vocaciones en los reinos de la derecha y de la izquierda.93 Por lo tanto, en lo que es uno de los temas más complejos y debatidos de nuestro tiempo, el Evangelio, por medio de la confesión y absolución, debe ser siempre tenido en cuenta cuando los cristianos se involucran en conversaciones sobre lo que es mejor para ciertos prójimos, y tratan de ejercer sus vocaciones en forma responsable y a conciencia por el bien de esos prójimos—incluyendo a los inmigrantes que hay entre nosotros. También debemos ser conscientes que la teología luterana puede ser utilizada incorrectamente, de tal forma que ninguna persona es llevada al arrepentimiento o a tratar con las consecuencias de sus acciones o actitudes hacia su prójimo. Los cristianos que correctamente defienden la ley pueden equivocadamente pensar que no necesitan arrepentirse si violan el octavo mandamiento al presentar las acciones de sus prójimos inmigrantes de forma negativa. Tales cristianos pueden estar tan enojados por los fracasos en el control de la inmigración, que excusan su falta de compasión por los inmigrantes sufrientes. Otros cristianos, que abogan por mostrar misericordia y compasión al inmigrante en nombre del Evangelio, quizás se consideren más justos que otros y difamen a los gobernantes o agentes fronterizos que tratan de cumplir sus vocaciones en forma piadosa protegiendo a sus conciudadanos y a su país. Los cristianos que vehementemente apoyan los derechos de los inmigrantes pueden creerse justificados de vilificar a quienes no están de acuerdo con ellos. Los inmigrantes indocumentados pueden creer que no necesitan arrepentirse de desobedecer la ley o de negarse a reconocer la necesidad de un proceso de gobierno aceptable y ordenado. Finalmente, la teología luterana puede ser utilizada para oscurecer el Evangelio. Una postura legalista sin una preocupación por la proclamación del Evangelio y por las obras de caridad entre los inmigrantes puede llevar a los inmigrantes a ver a los luteranos como cristianos que no practican lo que predican. Más aún, una insistencia persistente sobre la necesidad de que los inmigrantes indocumentados se arrepientan de su pecado de quebrantar la ley, sin una insistencia similar sobre la necesidad de arrepentimiento de todos los que directa o indirectamente se benefician de sus labores, hace que la iglesia aparezca como hipócrita y como una iglesia a la cual no se le puede confiar el mensaje del Evangelio que predica. Todo esto nos recuerda la lucha de la vida cristiana en un mundo caído. Nuestro pecado está siempre delante de nosotros (Sal. 51:3), y toda nuestra vida es una de arrepentimiento.92 La absolución del Evangelio es constantemente necesaria tanto para nuestros pecados obvios, como para todas las veces en que no vemos otra salida que elegir lo que parece ser “el menor de dos males”. Pero nada de esto sacude nuestra confianza en la palabra de perdón de Dios, aun cuando siempre tratamos, una y otra vez, de actuar mejor. 92 Martín Lutero, “1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: ‘Haced penitencia…’, ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.” Ver “Las 95 Tesis,” ODML 1:7. 46 2013 Convention Workbook 93 Althaus dice: “…no podemos cumplir con ninguna vocación sin involucrarnos en el pecado. Aquí otra vez es muy importante que todo el etos cristiano ha de verse como etos bajo la justificación. Esto es particularmente cierto de nuestra vocación, sea cual sea. Por lo tanto, la obra que hacemos en nuestra vocación no puede ser aceptable aparte de la certeza de que nuestros pecados son perdonados. Sin embargo, más allá de lo imposible que es evitar pecar en nuestro estado y vocación por causa de nuestra naturaleza pecadora, nuestro estado se mantiene puro y santo porque es establecido a través de la palabra de Dios.” Althaus, The Ethics of Martin Luther, 41. 47