# LCMS Convention Workbook_St. Louis Missouri_2013_S383 # Machine transcription, uncorrected — CHI Digital Archive (demonstration) THEOLOGICAL DOCUMENTS­­—COMMISSION ON THEOLOGY AND CHURCH RELATIONS de inmigrantes personas con potencial de líderes para servir en la iglesia, deberían estar preparados para hacer todo lo que esté a su alcance para conseguirles la legalidad (por ejemplo, obtener o facilitar la obtención de una visa de trabajador religioso). Tal inversión de tiempo, esfuerzo y recursos financieros puede ser vista como un testimonio del amor sacrificial de la iglesia por el extranjero. A la larga, probablemente también prevenga la invisibilidad y marginalidad de obreros inmigrantes en la iglesia y en la sociedad, manteniendo al mismo tiempo la proclamación constante del Evangelio sin una posible interferencia de las autoridades civiles por causa de asuntos legales irresueltos. Una forma relacionada de confusión de los dos reinos sucedería si una iglesia da empleo, y por lo tanto salario, a un inmigrante indocumentado basándose en que “digno es el obrero de su salario” (1 Tim. 5:18). Si bien bajo el reino espiritual es posible que los inmigrantes sirvan como voluntarios en las actividades de la iglesia—incluyendo tareas relacionadas con el ministerio del Evangelio—sin tener una tarjeta verde o una visa especial que les permita trabajar legalmente en los Estados Unidos, la ley laboral todavía es un área regulada por el Estado. La iglesia, como entidad legal, debe adherirse a dichas leyes y reglas del reino temporal. La distinción luterana entre los dos reinos también nos recuerda que la unidad de la iglesia está basada en y nutrida por el Evangelio y los Sacramentos. Esto significa que tal unidad no depende ni está determinada por una posición particular en torno a la ley de inmigración actual.61Los desacuerdos entre los cristianos con respecto a la ley civil no deben, en principio, impedir que compartan la Cena del Señor.62 Tales desacuerdos surgen, en parte, de las diferentes posturas acerca de hasta qué punto la ley de inmigración—ya sea en su totalidad o, más a menudo, en ciertos aspectos—puede ser considerada justa y razonable. Algunos cristianos sienten que pueden obedecer la ley actual con buena conciencia. Otros sienten que no lo pueden hacer. Si bien todos los cristianos concuerdan en que, por norma, deben someterse a las autoridades civiles en todas las cosas, algunos encuentran que hay ciertas situaciones en las que creen que no pueden hacerlo “sin pecado”.63 Estos reconocen que “el mandato de la autoridad civil” a veces puede ir en contra de un mandamiento divino.64 Dicho de otra manera, los cristianos pueden reconocer que hay veces en que la legislación civil puede no estar de acuerdo con la ley de Dios en algún aspecto. Las respuestas entre los ciudadanos cristianos fieles ante tal incongruencia varían desde expresar sus preocupaciones a través del poder del voto, hasta actuar según su conciencia a través de formas temporales de desobedien- 61 Sánchez, “Los inmigrantes entre nosotros,” 58. 62 Sánchez, “Misión e inmigración,” 72, 74. 63 CA, XVI, 6-7 (LC, 33). 64 CA, XVI, 7 (LC, 33). cia pacífica o no-violenta. Más allá de dramatizar las injusticias a través de demostraciones públicas, algunos ciudadanos y residentes cristianos del país pacientemente permiten que los inmigrantes que están en los Estados Unidos ilegalmente, pero que no son malintencionados o que no presentan un peligro inminente para la sociedad, coexistan entre ellos hasta que la actual ley de inmigración pueda tratar más adecuadamente la complejidad de algunas situaciones particulares de las que surgen preguntas morales importantes. Pensemos, por ejemplo, en los niños que, sin tener culpa alguna, fueron traídos por sus padres a este país en forma ilegal, pero que el único país que conocen como propio es los Estados Unidos. ¿Cómo debe tratar la sociedad a estos prójimos a quienes la ley no da ninguna protección (por ejemplo, constantemente enfrentan la posibilidad de ser deportados, no tienen permiso para trabajar), y sin embargo no tienen otra identidad que la de ser “americanos” (es decir, “estadounidenses”)? Una cantidad de ciudadanos y residentes cristianos (y no cristianos) ha estado demostrando una gran medida de paciencia hacia esos niños, esperando que aparezca algún remedio del gobierno civil.65 Es importante notar que los cristianos que, siendo fieles a sus conciencias practican tales formas temporales de desobediencia o resistencia pacífica, no están “a favor” de la inmigración ilegal, sino más bien “en contra” de ciertos aspectos de la ley actual que creen no tratan justamente a sus prójimos inmigrantes. Más aún, sea que uno concuerde totalmente con el estado actual de la ley de inmigración o no, los cristianos responsables en ambos lados del debate deben también reconocer que tienen que vivir con, y asumir toda la responsabilidad por el impacto de las decisiones y las acciones que toman en las vidas de las personas. Esto incluye especialmente, pero no exclusivamente, consecuencias para los inmigrantes y sus familias (por ejemplo, en algunos casos una deportación puede dividir una familia o poner en riesgo la vida de alguien). La distinción luterana entre los dos reinos nos recuerda que los desacuerdos entre los cristianos sobre la ley de inmigración no deberían infringir en la unidad que tienen en Cristo que sólo los medios de gracia dan y preservan. Una vez más, entonces, podemos reconocer libremente que, entre los luteranos que sinceramente quieren ser caritativos con sus prójimos inmigrantes a la vez que desean obedecer la autoridad civil, puede haber un espectro razonable 65 En el momento de publicar el presente documento, hay un remedio disponible. El 15 de agosto del 2012, el U.S Citizenship and Immigration Services (USCIS) comenzó a aceptar solicitudes para “Consideración de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia”, que permite que ciertos niños, que vinieron a los Estados Unidos antes de tener 16 años, soliciten una extensión o cese de deportación. El razonamiento para esta acción diferida del USCIS es que desea “concentrar sus recursos en remover a los individuos que plantean un peligro a la seguridad nacional o un riesgo a la seguridad pública”, y no “en casos de baja prioridad como los individuos que vinieron a los Estados Unidos como niños y cumplen con otros requerimientos.” En línea: http://www.uscis.gov/portal/site/uscis-es/menuitem.e693c9cf3c2f7d18d52fae1074a19 1a0/?vgnextoid=1df868d1cd508310VgnVCM100000082ca60aRCRD&vgnextchannel=1df868d 1cd508310VgnVCM100000082ca60aRCRD 32 33 de opiniones y diferentes posiciones con respecto a lo que es—y lo que no es— justo, bueno, razonable, ordenado, y promotor de la paz para la sociedad enla agradable a Dios de acuerdo a su voluntad revelada) cuando el gobierno no actúa de manera justa, pueden tener algún rol en señalar el pecado y la injusticia a las autoridades civiles.68 Pero, ¿cómo y cuándo debe la iglesia cumplir con esta obligación? ley actual de inmigración. Los cristianos deben comportarse civilmente al tratar los asuntos que pertenecen al estado de la ley civil, de tal forma que sus palabras no se conviertan en causa de división y conflicto dentro de la iglesia. 66 Hay espacio para que los cristianos que discrepan entre ellos hablen libremente el uno con el otro en amor y con respeto sobre los puntos civiles difíciles y complejos, sin miedo de perder la justificación delante de Dios a través de la fe en Jesucristo que establece sólo el Evangelio aparte de nuestras acciones y elecciones. Un cristiano que actúa de buena conciencia de acuerdo a su vocación dada por Dios en el reino temporal, lo hace de acuerdo con la ley de Dios y, más aún, puede ser salvo en el reino espiritual sin que su justificación delante de Dios dependa del cumplimiento de la ley.67 Por lo tanto, los cristianos deben ejercer sus vocaciones en el reino de la izquierda con alegría y responsabilidad, sin temer perder su salvación en Cristo, que es un don del Evangelio. Podemos discordar vehementemente en temas del reino de la izquierda, e incluso criticar por sus acciones a nuestros propios hermanos que ocupan puestos en el gobierno, pero debemos tener cuidado de no condenar a los cristianos cuando ejercitan su vocación por el bien de su prójimo. También es cierto que los cristianos no deben tratar de usar su libertad en el Evangelio para opinar irresponsablemente o mantener una posición absoluta sobre tal o cual ley sólo en nombre de esa libertad. Al contrario, los cristianos deben utilizar su libertad para servir a los demás y para el bien de sus prójimos. Los cristianos deben reconocer que sus opiniones sobre las leyes pueden tener consecuencias para personas reales: sus prójimos. Por lo tanto, no deben tomar decisiones sobre leyes civiles que afecten a otros, sin antes evaluar cuidadosa y responsablemente lo que ellas podrán significar para prójimos concretos. Los dos reinos deben ser distinguidos y no confundidos, pero entre ellos existe una relación. Si bien el estado no debe restringir la proclamación del Evangelio y el cuidado pastoral a todas las personas más allá de su condición legal por parte de la iglesia, el gobierno sí tiene un rol en regular la obra de la iglesia como institución en el reino de la izquierda. Por ejemplo, como ya se ha mencionado antes, bajo la ley civil la iglesia no puede emplear y pagar salario a un obrero indocumentado. De manera similar, mientras que la iglesia no legisla o le dice al gobierno civil exactamente cómo legislar, se puede argumentar que los cristianos como iglesia, ya sea en forma individual o corporativa, como parte de su obligación de enseñar la ley (por ejemplo, lo que es 66 Sánchez, “Los inmigrantes entre nosotros,” 58. 67 Los confesores enseñan que el cristiano que ejercita un puesto bajo el gobierno civil hace una tarea que agrada a Dios, y puede hacerlo “con conciencia limpia e ilesa”. FC, Decl. Sól. XII, 17-18 (LC, 692). 34 383 La LCMS ha señalado oficialmente que el aborto es un pecado, pues constituye un caso claro en el cual una práctica moral protegida por la ley civil es contraria a la ley de Dios (más específicamente el quinto mandamiento). No sólo como individuos, sino también como cuerpo eclesiástico (y por lo tanto corporativamente), el Sínodo ha señalado que el aborto es un pecado, dando así su posición oficial al respecto.69 Pero, ¿cómo y cuándo se puede hacer lo mismo en el caso de la ley de inmigración? ¿Podría o debería ser hecho públicamente como Sínodo en el caso de ciertas leyes de inmigración? ¿O sería mejor que la LCMS, quizás de manera más humilde, presente los problemas y ofrezca las herramientas necesarias para su análisis e interpretación desde una perspectiva luterana, ayudando así a discernir cuáles son los marcos y límites teológicos que han de considerarse en la toma responsable de decisiones por parte de cada cristiano? Esta última estrategia permitiría que los cristianos individuales tomaran sus propias decisiones a conciencia con alguna guía de la iglesia como Sínodo, con respecto a lo que es justo y razonable cuando no hay un claro consenso entre los cristianos respecto a la falla moral de ciertos aspectos de la ley de inmigración. Tradicionalmente, la LCMS ha optado por este camino más privado e individual en temas sociales y políticos, donde no es fácil establecer de manera contundente lo que es pecado o no. Esta estrategia tiene la intención de enseñar no con un mandato directo e irrefutable, sino a través de pautas y principios bíblicos y teológicos sobre los cuales el cristiano debe reflexionar, y que debe contextualizar la situación.70 También da espacio para que los cristianos, especialmente como ciudadanos y residentes del país, discrepen y traten 68 “Incluso al concordar, por ejemplo, en que la iglesia no tiene una responsabilidad basada en el Evangelio de promover la transformación del reino civil, teólogos luteranos y cuerpos eclesiásticos han discrepado sobre si la iglesia corporativa (y no sólo el cristiano individual) tiene la responsabilidad basada en la Ley de enseñar al Estado principio éticos. Los teólogos y los cuerpos eclesiásticos también han discrepado en cuanto a los medios más prudentes y efectivos por los cuales la iglesia pueda en realidad enseñar tales principios éticos en una sociedad pluralista y democrática.” CTCR, Render Unto Caesar…and unto God: A Lutheran View of Church and State (1994), 53. 69 La resolución más reciente de la LCMS que reitera esto (y que utiliza la palabra “pecado”) es la Res. 6-02A, “To Reiterate Synod’s Stance on Abortion” (2001). Ver “Abortion,” en This We Believe, 1. 70 CTCR, Render Unto Caesar…and unto God, 51-52. Para ilustrar la “postura luterana más tradicional”, el documento cita un “catecismo” de 1983 sobre la propuesta de legislación de crédito a los impuestos sobre los estudios: “En otros casos pueden surgir preguntas sensibles para debate público para las cuales la Palabra de Dios provee menos guía todavía… En estos casos puede ser bueno que el Sínodo, a la vez de reconocer que cristianos luteranos igualmente comprometidos a seguir la voluntad de Dios revelada en la Sagrada Escritura pueden llegar a diferentes conclusiones, mantenga informados a sus miembros y les ofrezca una guía que les ayude a determinar sus posiciones” (p. 51). 35 2013 Convention Workbook