# LCMS Convention Workbook_St. Louis Missouri_2013_S382 # Machine transcription, uncorrected — CHI Digital Archive (demonstration) 382 THEOLOGICAL DOCUMENTS­­—COMMISSION ON THEOLOGY AND CHURCH RELATIONS más abajo en la escala de prioridades. Sin embargo, también se puede argumentar que un extranjero que ha vivido suficiente tiempo en el país sin poder acceder a la documentación apropiada ya no es más un extranjero cualquiera, sino alguien que comparte el estilo de vida de los ciudadanos y residentes del país y, por lo tanto, los ciudadanos deberían tener ahora obligaciones morales hacia él.52 ¿Cómo puede, esa posición hacia ciertos inmigrantes, afectar, tanto negativa como positivamente, el bienestar de los ciudadanos y de la sociedad? En un mundo que dista mucho de ser perfecto, la ley civil (incluyendo la ley de inmigración) nunca va a ser siempre equitativa y justa, o adecuada en todos sus aspectos y para cada prójimo. Los cristianos que están comprometidos a obedecer por igual a las autoridades civiles van a diferir en su forma de responder a leyes específicas de inmigración. En la búsqueda por cumplir las demandas de la ley de Dios, que nos ordena obedecer a las autoridades civiles y amar a nuestro prójimo (incluyendo al inmigrante), como pecadores que somos inevitablemente vamos a fallar en ayudar o abogar por algún prójimo. Dado que no podemos cumplir a la perfección la ley de Dios cada vez que cada prójimo sufre, siempre vamos a necesitar confesar nuestros pecados, recibir el perdón de Cristo, y esforzarnos por mejorar. dadanos. Estas relaciones especiales determinan nuestras obligaciones potencialmente infinitas, y las hacen factibles.” First Things (Mayo 2007):10-12. 52 “Quienes han vivido en este país por un período largo, estableciendo familias y echando raíces, en algún momento ya no pueden ser más vistos como extranjeros. De facto, si no de jure, ya son uno de nosotros. Nuestras obligaciones para con ellos gradualmente comienzan a reflejar las que debemos a nuestros conciudadanos, siendo una básica el rehusarse a expulsarlos del país. Diferentes condiciones—como el pago de impuestos atrasados o el ser fluido en inglés— deberían ser parte de una propuesta de amnistía para subrayar la importancia del derecho de estado y la necesidad de una genuina integración. Pero para quienes que ya son, nos guste o no, miembros del pueblo estadounidense, nuestras obligaciones son tan sólidas como para prohibir completamente la deportación.” Ibíd. III. La vida en los dos Reinos de Dios: Sobre la actividad de los cristianos como iglesia y como ciudadanos del mundo Al tratar el tema de la inmigración ilegal, de la tensión inherente que existe entre el cumplir los mandamientos de amar al extranjero en nuestro medio más allá de su condición legal, y de someterse a las autoridades y sus leyes que regulan el estatus legal de los inmigrantes, entre los cristianos surge una diversidad genuina de opiniones. Tal tensión también puede verse como un intento de ser fiel al llamado de Dios de ser tanto ciudadano de la ciudad celestial (o sea, un miembro fiel de la iglesia que apoya su misión) y un ciudadano de la ciudad terrenal (o sea, un ciudadano o residente responsable que cumple la ley civil). Las actitudes cristianas con respecto a la inmigración ilegal a menudo están marcadas por un deseo genuino de vivir fielmente en los dos reinos o gobiernos de Dios—a saber, el espiritual y el temporal. La enseñanza con respecto a los dos reinos de Dios ocupa un lugar honorable en la catequesis luterana bíblica y confesional.53 Esta enseñanza trata sobre la correcta distinción y relación entre la obra de Dios en el mundo a través de la iglesia y a través del gobierno civil y, por lo tanto, también trata sobre la actividad de los cristianos en el mundo como miembros de la iglesia y como ciudadanos o residentes del país. Por lo tanto, sirve como un promisorio marco interpretativo para tratar las preguntas acerca de qué forma podría tomar, en el contexto contemporáneo, la respuesta luterana a los temas de inmigración en general, y de inmigración ilegal en particular. La doctrina de los dos reinos está basada en la suposición y reconocimiento que Dios quiere preservar su creación caída de dos formas diferentes, para obtener dos objetivos también diferentes. Los confesores luteranos enseñan “la distinción entre el poder espiritual y el poder y la autoridad temporales”, y que, “a causa del mandamiento de Dios, se deben honrar con toda reverencia ambos poderes y autoridades y que deben estimarse como los dos dones divinos más nobles en este mundo.”54 En el reino espiritual (también conocido como el reino de la derecha), Dios preserva a su creación caída perdonando a los pecadores a través de Cristo. Los confesores dicen: “De acuerdo con el evangelio, el poder de las llaves o de los obispos es un poder y mandato divino de predicar el evangelio, de perdonar y retener los pecados y de distribuir y administrar los sacramentos.”55 Por lo tanto, Dios utiliza a la iglesia y sus ministros para reconciliar a los pecadores consigo mismo a través de la predicación del Evangelio y la administración de los sacramentos (medios de gracia). El sacerdocio de todos los creyentes, que incluye a cada 53 Ver el tratado clásico de Martín Lutero: “La autoridad secular”, ODML 2:129-162; CA XVI y Ap. XVI; FC, Ep. XII, 12-16 (LC, 537) y Decl. Sól. XII, 17-23 (LC, 692). 54 CA XXVIII, 4 (LC, 54). 55 CA XXVIII, 5-6 (LC, 54), (citando a Juan 20:21-23). 27 29 cristiano en el contexto de su vocación, también participa de “la conversación y consolación mutua de los hermanos” cuando los cristianos comparten el Evangelio entre ellos y con quienes están fuera de la comunidad de fe, cuando las oportunidades se presentan.56 y puesta en práctica de leyes de inmigración. Bajo el poder espiritual, la iglesia está llamada a proclamar el Evangelio y administrar los sacramentos de acuerdo con la institución de Cristo.59 Por otro lado, la responsabilidad del gobierno civil o de la autoridad temporal no consiste en la proclamación del Evangelio, la administración de los sacramentos, o la promoción de las obras de caridad que resultan del Evangelio. El gobierno puede decretar e implementar leyes sobre la inmigración ilegal, pero eso no enseña a la iglesia cómo o si debe llevar su ministerio de la Palabra y Sacramentos a los inmigrantes indocumentados. En el reino temporal (también conocido como el reino de la izquierda), Dios preserva a su creación caída promoviendo la paz y la justicia en la sociedad. A través de la “espada”, o la “autoridad secular”, Dios usa a los servidores del gobierno para impedir que los pecadores cometan manifestaciones groseras del mal, y para premiar la buena conducta en la sociedad. Los confesores dicen: “El poder temporal no protege el alma, sino que mediante la espada y penas temporales, protege el cuerpo y los bienes contra la violencia externa.”57 Bajo la autoridad temporal cada persona, y por supuesto cada cristiano, como residente o ciudadano, tiene el rol de obedecer a las autoridades y cumplir con las leyes del país. Cada uno de nosotros también—y particularmente en el contexto actual de una democracia representativa en los Estados Unidos, donde los gobernados tienen voz en el establecimiento de leyes a través de sus oficiales gubernamentales elegidos—tenemos la oportunidad y responsabilidad de trabajar dentro de nuestra vocación en particular por la promoción, decreto y puesta en práctica de leyes que son buenas, justas y saludables. Por lo tanto, la distinción entre “las dos autoridades: la espiritual y la temporal”, debe ser mantenida para que ningún poder usurpe el deber del otro.58 En el reino espiritual, la iglesia está involucrada en aquellas actividades centradas en el mensaje de justificación por gracia a través de la fe en Cristo. La iglesia trata nuestra condición espiritual y relación delante de Dios a través de la “palabra” del Evangelio. Por otro lado, en el reino temporal, el gobierno civil se encarga de aquellas actividades que promueven la justicia, la paz y el orden en la sociedad civil. El gobierno civil trata nuestra relación y responsabilidades con los demás a través de la “espada”. Como miembros de la iglesia y ciudadanos o residentes del país, los cristianos tratan de vivir y trabajar fielmente en los dos reinos de Dios. La distinción luterana entre los dos tipos de autoridad nos recuerda que no debemos confundir las actividades y propósitos que Dios quiere lograr a través de cada reino. Por un lado, la responsabilidad de la iglesia en el gobierno espiritual no consiste en la formulación, decreto e implementación 56 “Volvamos a tratar sobre el evangelio que nos ofrece consejo y ayuda no sólo de una manera única contra el pecado, pues Dios es superabundante en dar su gracia. Primero, por la palabra oral, en la cual es predicada la remisión de los pecados en todo el mundo, lo cual constituye el oficio propio del evangelio. En segundo término, mediante el bautismo. En tercer lugar, por medio del santo sacramento del altar. En cuarto, por medio del poder de las llaves y también por medio de la conversación y consolación mutua entre los hermanos”. Esmalcalda, Tercera Parte, Sobre el Evangelio, p. 321. 57 CA XXVIII, 10 (LC, 54). 58 CA XXVIII, 11 (LC, 54). Los dos reinos también se confunden cuando el celo de la iglesia por proclamar el Evangelio entre las naciones en su medio interfiere con la responsabilidad del gobierno de regular y hacer cumplir las leyes de inmigración de acuerdo a lo que es justo y razonable. Por ejemplo, los avances misionales y las obras de caridad entre los inmigrantes que viven ilegalmente en los Estados Unidos no deberían, por norma, evitar tratar de encontrar formas concretas de ayudarles con su situación legal. En particular, los líderes del Sínodo, los obreros de la iglesia y las congregaciones que identifican en las comunidades 59 “Por esta razón las dos autoridades, la espiritual y la temporal, no deben confundirse ni mezclarse, pues el poder espiritual tiene su mandato de predicar el evangelio y de administrar los sacramentos. Por lo tanto, no debe usurpar otras funciones; no debe poner ni deponer a los reyes, no debe anular o socavar la ley civil y la obediencia al gobierno; no debe hacer ni prescribir a la autoridad temporal leyes relacionadas con asuntos profanos, tal como Cristo mismo dijo [Juan 18:36]: ‘Mi reino no es de este mundo’.” CA XXVIII, 11-13 (LC, 54). 60 Leopoldo A. Sánchez M., “Misión e inmigración: Pedagogía para trabajar entre los inmigrantes,” Missio Apostolica 16/1 (2008): 72, 74. 30 2013 Convention Workbook La confusión de los dos reinos sucede cuando la obediencia al gobierno y a la ley civil con respecto a la situación legal de los inmigrantes interfiere con la responsabilidad de la iglesia de proclamarles el Evangelio y de realizar entre ellos las obras de caridad que fluyen del Evangelio, sin tener en cuenta su estatus legal. Por ejemplo, un caso de dicha interferencia ocurriría si, hablando hipotéticamente, la legislación civil penalizara con multas o hasta cárcel a los cristianos laicos u obreros profesionales de la iglesia, por proclamar el Evangelio o por hacer obras de caridad entre inmigrantes indocumentados. De la misma manera, una legislación civil, aplicación de la ley o regulaciones que hipotéticamente prevengan a los fieles de hacer obras de caridad visitando a personas en centros de detención de inmigración, también podrían ser vistas como ejemplos de tal interferencia. En un escenario más realista, imaginemos la oposición vocal pública a la inmigración ilegal por parte de un ciudadano entusiasta, quien también es miembro de la congregación, en el contexto particular de actividades misionales auspiciadas por la iglesia en un vecindario donde cada vez hay más inmigrantes. Esto puede ser visto como un ejemplo de la interferencia descrita más arriba, ya que tal oposición muy probablemente se convertiría en un obstáculo para la proclamación del Evangelio en la comunidad.60 31