# LCMS Convention Workbook_St. Louis Missouri_2013_S381 # Machine transcription, uncorrected — CHI Digital Archive (demonstration) THEOLOGICAL DOCUMENTS­­—COMMISSION ON THEOLOGY AND CHURCH RELATIONS cristianos que tienden a dar prioridad a la obediencia a las autoridades civiles (cuarto mandamiento) con respecto a la inmigración, no son necesariamente insensibles a las necesidades de los inmigrantes y sus familias. Por otro lado, los cristianos que tienden a dar mayor prioridad al bienestar y tratamiento justo de los inmigrantes y sus familias (quinto mandamiento) que a su situación migratoria, tampoco son necesariamente insensibles a la necesidad de obedecer las autoridades civiles y las leyes del país. A pesar de que ciertos adjetivos como “ilegal” e “indocumentado”, cuando se refieren a inmigrantes, asumen y manifiestan hasta cierto punto actitudes cristianas diferentes pero a la vez legítimas sobre lo que significa ser fiel a los mandamientos de Dios con respecto a los inmigrantes, los cristianos también deben recordar que el uso de tales términos tiene limitaciones. Dado que la Escritura no prohíbe ni ordena tales adjetivos, los cristianos son libres de utilizarlos. Pero, si bien son libres de usarlos, deben hacerlo con caridad. Por ejemplo, al hacerlo delante de inmigrantes que luchan por ser tratados con justicia, el adjetivo “ilegal” seguramente va a ser visto como insensible, y se convertirá en un obstáculo innecesario para la proclamación del Evangelio al inmigrante o para dialogar con aquellos cuya vocación es abogar por ellos. De la misma manera, cuando se usa en presencia de legisladores, agentes de frontera, o ciudadanos que quieren honrar la ley del país, el término “indocumentado” puede ser interpretado como una falta de respeto por la ley o de apreciación del trabajo de quienes la hacen cumplir. Más aún, los cristianos deben ejercitar su buen juicio en el uso de términos no bíblicos, como “ilegal” e “indocumentado”, porque estos adjetivos también son limitados en su alcance. Tales términos operan claramente dentro de los estrechos confines de la legalidad. Y precisamente por causa de ese enfoque único en lo legal, es que no ofrecen un cuadro completo de nuestros prójimos inmigrantes ni un retrato acertado de la complejidad del problema migratorio. Por un lado, el reconocer el alcance de estos términos populares previene a los cristianos de reducir al prójimo extranjero, o inmigrante, a una categoría legal, etiqueta, o problema. Los inmigrantes son, mucho más básicamente, seres humanos, criaturas de Dios, y pecadores igual que cada uno de nosotros. Al menos sus necesidades físicas y espirituales deben ser tomadas en cuenta en toda discusión que se realice sobre el rol del cristiano individual y la iglesia con respecto a ellos. Cuando se aplica al extranjero, por ejemplo, el término “ilegal” fracasa en distinguir apropiadamente entre la persona inmigrante y el acto específico que esa persona ha cometido contra la ley. Por otro lado, y no menos importante, el reconocer la limitación del alcance legal de los términos “ilegal” e “indocumentado” permite a los cristianos considerar seriamente una gama más amplia y comprensiva de factores relacionados con la ley civil referentes al tema de inmigración. Tales factores pueden incluir, pero no están limitados, a la unificación de la familia, demanda de mano de obra, necesidad económica, cumplimiento de la ley, seguridad fronteriza o nacional, derechos de los trabajadores, derechos humanos, y for- mas de obtener la legalización.40 Al tratar ciertos aspectos de la ley civil, que para algunos pueden resultar inadecuados o injustos, “los cristianos tienen el derecho y la obligación de trabajar para derogar las leyes injustas y para que se pongan en práctica leyes justas a través del debido proceso de la ley.”41 Al mismo tiempo, como no siempre está en claro cuándo se ha agotado ese debido proceso en un caso particular, seguramente los cristianos van a diferir en el grado en el cual una legislación más adecuada parece necesaria o no, dentro de un clima político particular. Por lo tanto, van a responder en forma diferente a los casos en los que creen que un aspecto particular de la ley civil es injusto o inadecuado. Como conscientes ciudadanos y residentes de su país, por ejemplo, algunos cristianos quizás decidan que la actual ley de inmigración, si bien no es perfecta, al menos es suficientemente justa y razonable. Otros cristianos conscientes, si bien reconocen que generalmente “los derechos de los individuos y los estándares de justicia adecuados deben ser establecidos por el gobierno a través de procesos legislativos”, pueden, “ante la evidente falla del debido proceso… con buenas intenciones participar en demostraciones públicas para dramatizar la injusticia” que creen que una ley en particular promueve.42 Y otros, que no están contentos con el estado actual de la ley, quizás decidan no hacer lo que podrían hacer, o sea, protestar públicamente, eligiendo en cambio “no ejercitar este privilegio por el peligro de anarquía.”43 40 SRIC dice: “Como ciudadanos corporativos de esta nación, reconocemos que las soluciones al problema de la inmigración ilegal son complejas. Hay muchos factores que deben ser considerados, cada uno de los cuales tiene valor en sí mismo. Fronteras seguras, seguridad nacional, aplicación de las leyes, estabilidad nacional, mano de obra barata, salarios decentes, presupuesto limitado, derechos humanos y oportunidades de trabajo son sólo el comienzo de una larga lista.” 41 CTCR, Civil Obedience and Disobedience (1966), B, p. 4. Dado que el documento aplica el lenguaje del debido proceso específicamente a situaciones “cuando los derechos legales de uno son violados, pero también y especialmente cuando uno se une a otros privados de sus derechos legales”, uno puede concluir que, técnicamente, la afirmación no se aplica a los inmigrantes que están en el país ilegalmente porque no tienen “derechos legales”. Sin embargo, aun si ese fuera el caso, el principio más amplio de esforzarnos por abolir las leyes injustas o poner en práctica leyes justas se aplica a los cristianos como ciudadanos de la nación-estado quienes, de buena conciencia, están convencidos que ciertos aspectos de la ley de inmigración son injustos. 42 Ibíd. La declaración de la CTCR alienta al cristiano que considera que una ley en particular está en conflicto con la “suprema ley de Dios”, a “asegurarse que todos los medios legales para cambiar esa ley han sido agotados”, “consultar con personas de buena conciencia para probar la validez de su juicio”, y “dirigir su acto de desobediencia tan precisamente como sea posible contra la ley o práctica específica que viola su conciencia.” Ibíd., C.1-2, 4, p. 5. 43 Ibíd., C.5, p. 5. Este argumento en particular está seguido inmediatamente por una preocupación por evitar asociaciones de cristianos “con grupos e individuos que puedan estar protestando contra la misma ley por motivos aparentemente equivocados y quienes puedan estar buscando unirse a un movimiento para sus propios fines.” Ibíd., 5-6. El mismo principio se aplica a los cristianos que sienten que deberían protestar contra la inmigración ilegal pero se abstienen de hacerlo, junto con otros que sienten lo mismo “por motivos aparentemente equivocados”—por ejemplo, motivos que son incompatibles con la ley de amor de Dios, u hostiles a la fe cristiana (por ejemplo, la idea de que Dios quiere que 23 24 La Escritura requiere que los cristianos obedezcan a Dios antes que a los hombres cuando la autoridad civil y sus leyes se oponen a la ley de Dios. Los cristianos obedecen a Dios antes que al hombre (Hechos 5:29) “cuando una ley civil contradice un claro precepto de Dios.”44 Pero, ¿cuándo sucede eso en la ley actual de inmigración? La mayoría de los cristianos no están en contra de la ley de inmigración en general, pero algunos (o quizás muchos) cuestionan cuán justos y razonables son algunos de sus aspectos. ¿Cuál es la respuesta apropiada, entonces, cuando no hay un consenso claro y amplio entre los cristianos sobre la forma en que la ley de inmigración específicamente entra en conflicto con la ley de Dios? que en el campo ético no siempre vemos las cosas de la misma manera”, la LCMS debería “alentar a sus miembros a ejercitar el mayor cuidado posible al juzgar al otro en sus diferentes respuestas individuales a los complejos problemas sociales, ya que cada uno trata de aplicar el principio divino del amor cristiano a la situación humana específica.”49 Mientras que “el quebrantar una ley injusta, que a veces es definido como desobediencia civil, no necesariamente refleja un espíritu de anarquía, intención criminal, o menosprecio general por las leyes”, y puede ser interpretado como un “reflejo de un deseo sincero de respetar el estado de derecho y de probar la validez de una ley específica para proveer una mayor medida de justicia”, los cristianos deben evitar un individualismo exagerado que crea desdén por la ley y por el estado de derecho”, y “la reivindicación de derechos individuales a costo de los derechos de los demás.”50 Si un cristiano considera que una ley civil está en conflicto “con la suprema ley de Dios”, y por lo tanto decide involucrarse en algún tipo de desobediencia civil, se le alienta a que “realice su acto de desobediencia en forma pacífica”, y a que “dirija su acto de desobediencia tan precisamente como sea posible contra la ley o práctica específica que viola su conciencia.”45 Tal cristiano también debe estar dispuesto a cargar la cruz y a sufrir las potenciales “consecuencias punitivas” de sus acciones.46 Por ejemplo, un cristiano puede ayudar a un padre que está tratando de evitar (¿o evadir?) la deportación para no separarse de su familia. Pero también debe estar preparado para aceptar la posibilidad de castigos impuestos por su acción.47 De la misma forma, si un estado fuera a penalizar el cuidado pastoral, como por ejemplo proveer transporte a inmigrantes indocumentados a servicios de adoración u otras actividades en la iglesia, los pastores y otros líderes cristianos se enfrentarían con el dilema de obedecer a Dios o al hombre, y una vez más deberían estar dispuestos a aceptar los posibles castigos legales por sus acciones.48 Más aún, dado que no siempre está claro entre los cristianos cuándo las leyes de inmigración realmente contradicen la voluntad de Dios, se espera que el desacuerdo legítimo y enardecido ocurra entre cristianos con respecto a la piedad y la justicia de las leyes específicas de inmigración. “Dado Estados Unidos sea un país de blancos europeos, o que los mexicanos están más predispuesto a conductas criminales que las personas de otros grupos étnicos). 44 Ibíd., C, p. 5. 45 Ibíd., C.3-4, p. 5. 46 Ibíd., C, p. 5. 47 Si bien un cristiano puede, en buena conciencia, asistir a un inmigrante indocumentado que necesita ayuda desesperada, el ofrecerle asilo prolongado para evitar lidiar con una orden de deportación puede ser tomado como encubrimiento o amparo de un inmigrante ilegal, a la vez que mentir a oficiales del gobierno. Esto es especialmente problemático si el inmigrante tiene antecedentes criminales. Si los cristianos creen que pueden llegar a encontrarse en tal situación, deben proceder con cautela y consultar con un abogado lo antes posible (ver n.90 más abajo). 48 SRIC menciona brevemente cómo, si tal legislación fuera aprobada, haría que muchos cristianos dejaran de realizar obras de caridad. SRIC dice: “Mientras tanto, para cumplir con nuestra obligación cristiana, también solicitamos que el acto de caridad de proveer asistencia a los extranjeros indocumentados que no participan de actividades ilegales, no sea castigado ipso facto.” 25 381 Los mandamientos de amar a nuestro prójimo (incluyendo al extranjero) y de obedecer a la autoridad civil, están ambos incluidos en la ley de Dios y, por lo tanto, los cristianos deben cumplir con sus demandas. Dado que ambos mandatos están incluidos en la ley divina, el cumplirlos es, en sí mismo, una cuestión de amor. En este sentido, el amar al prójimo inmigrante (quinto mandamiento) y el obedecer a los servidores civiles (cuarto mandamiento), no son éticamente contradictorios entre sí, ya que el inmigrante no es el único prójimo a quien los cristianos son llamados a amar. También está el prójimo ciudadano o residente de una nación, quien puede estar o no tan vulnerable o necesitado como el prójimo inmigrante, pero cuyo bienestar también es motivo de preocupación tanto para el gobierno como para los ciudadanos cristianos. Los cristianos residentes o ciudadanos de una nación son legítimamente llamados a amar a ese o esos prójimos con quienes comparten una misma identidad nacional o la misma nacionalidad. Es cierto que hay veces en que se presenta un dilema moral con respecto a la obediencia a dos demandas igualmente válidas hechas por la ley del amor de Dios y, por lo tanto, algún tipo de prioridad lógica se debe dar a un prójimo sobre otro en determinada situación. En tales casos, uno inevitablemente peca con determinación por el bien de un prójimo y sufre las consecuencias de sus acciones. Se puede argumentar, por ejemplo, que un ciudadano tiene la obligación de cuidar primero de un conciudadano.51 Esta actitud va, inevitablemente, a ubicar al prójimo inmigrante 49 CTCR, Civil Obedience and Disobedience, D, p. 6; SRIC nota que “cristianos igualmente comprometidos con la Palabra de Dios pueden razonablemente llegar a conclusiones diferentes en aspectos específicos de estos temas y su resolución.” 50 CTCR, Civil Obedience and Disobedience, G.2, G.3.a, c, p. 6. El documento también advierte a los cristianos contra “el espíritu anárquico que pone a un segmento de la población contra otro” (G.3.b); cf. CTCR, Guidelines for Crucial Issues in Christian Citizenship (1968), Sección Dos, VI, p. 6. 51 En “Immigration: Citizens & Strangers” (11), Meilaender dice: “Somos llamados a reconocer la imagen de Dios en cada ser humano, y debemos algo a cada persona simplemente en virtud de su humanidad. Pero también tenemos relaciones particulares con algunas personas, hacia las cuales tenemos responsabilidades especiales: hijos, hermanos, amigos y vecinos, conciu- 26 2013 Convention Workbook