# LCMS Convention Workbook_St. Louis Missouri_2013_S380 # Machine transcription, uncorrected — CHI Digital Archive (demonstration) 380 THEOLOGICAL DOCUMENTS­­—COMMISSION ON THEOLOGY AND CHURCH RELATIONS físicas y espirituales, las mismas no hablan directamente acerca de cómo la iglesia de hoy debe pensar o actuar con respecto a la ley de inmigración en general, o a la “inmigración ilegal” en particular. Por lo tanto, la enseñanza de la Escritura con respecto a los inmigrantes no puede traducirse directamente a las leyes o políticas migratorias actuales. Mientras que las Escrituras no proveen “textos comprobados” que den respuestas simples o directas a todas las preguntas legales y políticas actuales relacionadas con la inmigración, sí proveen un marco de interpretación que nos ayuda a reflexionar y tratar tales preguntas. Más aún, no se nos ocurra atrevernos a minimizar la evidencia bíblica presentada hasta ahora con respecto al llamado de Dios a que la iglesia refleje en su vida el amor de Dios por los extranjeros en su medio. Este llamado no puede ser visto como una simple obligación cultural, sino más concretamente como la voluntad y mandamiento de Dios para su pueblo de todos los tiempos y en todos los lugares. La Escritura nos obliga a amar a nuestro prójimo, incluyendo al inmigrante en nuestro medio. Por lo tanto, aun cuando los cristianos luchen con preguntas difíciles con respecto a los asuntos legales y políticos sobre la legalidad, la enseñanza bíblica más amplia y consistente del amor de Dios por los extranjeros que viven y se mueven entre su pueblo debe ser tomada con la mayor seriedad. Dicho de otra forma, la Escritura nos ofrece un consenso sobre los valores básicos que, como punto de partida, deberían guiar las actitudes del pueblo de Dios hacia todos los inmigrantes o extranjeros, más allá de su estatus legal en la sociedad. A pesar que los inmigrantes no siempre recibieron las mismas bendiciones temporales y espirituales que el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, el mandato divino de amar al extranjero como a nuestro prójimo continúa siendo válido y no está fundamentalmente atado al cumplimiento de ninguna obligación específica por parte del extranjero. Esto sugiere que el estatus legal o ilegal no puede ser un prerrequisito para que la iglesia se preocupe y ocupe por la dignidad básica de los extranjeros y sus familias como criaturas de Dios, o por sus necesidades de alimento y vestido y una vida más rica para sus familias, de su tratamiento bueno y justo en la sociedad, y de su necesidad de escuchar el Evangelio y recibir los sacramentos. Así como el amor a Dios y al prójimo dirige toda la reflexión moral cristiana, también lo hacen los Diez Mandamientos al dar forma y sustancia a ese amor. Las preocupaciones antes mencionadas con respecto a las necesidades físicas, sociales, económicas y espirituales de nuestros prójimos inmigrantes, son ejemplos de la forma que toma el amor guiado por los mandamientos. Del amor de Dios fluye el amor cristiano por nuestros prójimos que busca su bienestar espiritual y trata de ayudarles y hacerles prosperar en todas las necesidades de su vida, mejorar y conservar sus bienes y medios de vida, e interpretar todo en el mejor sentido.32 32 Ver las explicaciones al quinto, séptimo y octavo mandamiento del Catecismo Menor de Lutero. 19 II. La Ley de Dios, la ley Civil35 y el prójimo: Sobre la obediencia cristiana a los Mandamientos de Dios Si bien por un lado las Escrituras consistentemente enseñan a la iglesia a amar a los extranjeros en su medio como un valor básico para todos los tiempos y lugares, por otro lado también instruyen a los cristianos a obedecer o someterse a las autoridades que Dios ha enviado, instituido y designado para nuestro bien (Ro. 13:1-7, 1 Pe. 2:13-17). El representante de la autoridad debe ser honrado y temido como “siervo de Dios” y ministro, ya que lleva la “espada” que “castiga a quienes hacen el mal y elogia a quienes hacen el bien.” Someterse a las autoridades significa, en concreto, obedecer las leyes que esos siervos y ministros son llamados a crear, implementar, y poner en práctica (por ejemplo, pagar los impuestos, cf. Ro. 13:6-7). Si bien la Escritura no toma una posición específica sobre leyes migratorias, sí establece que los cristianos deben obedecer a las autoridades civiles, incluyendo las leyes migratorias.36 Si bien bajo el quinto mandamiento (“No matarás”) Martín Lutero incluye la promoción de la vida de nuestro prójimo (incluyendo la del extranjero), también enseña claramente bajo el cuarto mandamiento (“Honra a tu padre y a tu madre”),37 la sumisión a las autoridades que Dios ha puesto en medio nuestro (incluyendo los servidores civiles). Ambos son la voluntad de Dios y, por lo tanto, deben ser cumplidos. Esto significa, concretamente, que debemos amar a los inmigrantes, debemos ser justos con ellos, y debemos ayudarles para que estén bien, sea cual sea su situación legal en la sociedad y, al mismo tiempo, debemos someternos a las autoridades temporales y obedecer las leyes civiles que ellos establecen, promueven, y ponen en práctica en la sociedad (incluyendo las relacionadas con los inmigrantes y su situación legal). Dados estos dos mandatos igualmente válidos que los mandamientos de Dios dan a los cristianos, no es infrecuente que los hermanos en Cristo tengan problemas y hasta discutan entre ellos con respecto a cuál es la mejor manera de ser fiel a lo que Dios desea y espera de su pueblo. El debate popular sobre si los inmigrantes que no tienen el beneficio de una visa válida deberían ser catalogados como “ilegales” o “indocumentados”, ilustra lo que sucede cuando tratamos de resolver la tensión inherente entre la demanda de preservar el bienestar de los inmigrantes más allá de su 35 En este documento, la “ley civil” se utiliza en un sentido teológico para referirse a toda ley instituida y puesta en práctica por los hombres con la intención de mantener el orden y la justicia. (Ver Apéndice II B.2.). 36 Queremos enfatizar que la ley de inmigración, como tal, no es mala en sí misma. Los esfuerzos que un gobierno haga para proveer fronteras seguras y prácticas claras para manejar la inmigración, son parte de su responsabilidad de velar por el bienestar de sus ciudadanos—esta es precisamente la misma vocación que Dios da a las autoridades civiles. Ver Amstutz y Meilaender, Public Policy & the Church , 4-17. 37 CMa, Los Diez Mandamientos, 141-142, 150-151 (LC, 405-407). 21 2013 Convention Workbook Como veremos en la próxima sección, el cuarto mandamiento—“Honra a tu padre y a tu madre”—también es directamente pertinente, ya que no sólo habla de la forma que toma el amor en el hogar cuando los hijos “honran, sirve, aman y respetan” a sus padres, sino también de lo que Lutero llama de otra “categoría de ‘paternidad’”, que es la autoridad civil.33 El amor cristiano reconoce como obligación el honrar y apoyar a las autoridades gobernantes, para que así nuestra vida diaria pueda ser respetable y ordenada y se evite el caos (ver 1 Tim. 2:2). Sirviendo como punto de partida para dar forma a la actitud básica de la iglesia hacia los inmigrantes de hoy día, las enseñanzas bíblicas de amar al prójimo inmigrante como a nosotros mismos, y de mostrar hospitalidad a los forasteros en nuestro medio, también sirven como buen elemento disuasivo contra el desarrollo de cualquier actitud contra los extranjeros, sean o no documentados, que no sea la de una preocupación legítima por la ley y el prójimo. La fe y la caridad impulsan a todos los cristianos a no formar un juicio final con respecto a los extranjeros en base a opiniones alimentadas por temores o mitos infundados con respecto a los inmigrantes, y/o actitudes racistas o discriminatorias contra personas de otros grupos étnicos o nacionalidades.34 El recordar el pasado inmigrante de la LCMS, incluyendo los temores y prejuicios sufridos por muchos de nuestros padres y madres luteranos en la fe al llegar a los Estados Unidos, debería ayudarnos a tener una disposición caritativa hacia los inmigrantes hoy. Sin embargo, más allá de nuestra identidad inmigrante histórica, se encuentra la clara y eterna voluntad y mandato de Dios en las Escrituras con respecto a la necesidad de la iglesia de recordar y ocuparse por el prójimo inmigrante. 33 Ver CMa, 150 (LC, 407). “Pues Dios, mediante ella [la autoridad secular], como mediante nuestros padres nos da y nos conserva nuestro alimento, nuestro hogar, nuestra hacienda y la protección y la seguridad. Es por el hecho de que la autoridad secular lleva nombre y títulos tales, como su más preciada loa con todos los honores, que estamos también obligados a honrarla y a estimarla en grado sumo, como si fuera el mayor tesoro y más preciosa joya en este mundo.” 34 Ver, por ejemplo, Patricia Fernández-Kelly: “To Welcome the Stranger: The Myths and Realities of Illegal Immigration”, Perspectivas: Occasional Papers 10 (2006): 9-22; ver también LIRS: “Mitos y realidades de la inmigración”. En línea: http://lirs.org/wp-content/uploads/2012/06/NoTemasFactSheetMythbuster.pdf. Para un ejemplo de un folleto con frases discriminatorias contra nuevos inmigrantes, ver John C. Vinson, Immigration and Nation, a Biblical View (Monterey, Virginia: American Immigration Control Foundation, 1997), donde argumenta que la división de las naciones hecha por Dios desde Babel, y la distinción de Israel de las naciones que le rodeaban, apoyan el control migratorio para poder mantener la tradicional raza blanca de ascendencia europea en los Estados Unidos. 20 estatus legal, y la demanda de obedecer las leyes que regulan su estatus legal.38 Por un lado, los cristianos que prefieren hablar de inmigrantes “indocumentados”, pueden querer afirmar la dignidad básica de los inmigrantes (siguiendo la línea del quinto y octavo mandamiento), siendo sensibles a sus problemas y necesidad de bienestar. Como resultado, puede parecer que, en su uso del lenguaje, dan menos valor a las demandas de la ley civil con respecto a la legalidad o ilegalidad, pero sin negar la necesidad de la ejecución de la ley. Estos hermanos en Cristo generalmente tienden a estar en desacuerdo con aquellos aspectos de la ley de inmigración actual que, consideran, tratan en forma inadecuada a los inmigrantes. Por otro lado, los cristianos que hablan de inmigrantes “ilegales”, generalmente se basan en la necesidad de obedecer la ley civil (una preocupación del cuarto mandamiento), según se aplica a la ley de inmigración actual, pero al hacerlo aparecen como insensibles a los problemas de los inmigrantes y hasta permisivos de algunos aspectos potencialmente problemáticos de la ley de inmigración actual que quizás no resuelva en forma adecuada el trato justo del inmigrante. Estos usos populares de lenguaje para referirse a los inmigrantes en medio nuestro, incluso dentro de los círculos de la iglesia, son instructivos pues revelan, hasta cierto punto, cómo el diálogo cristiano sobre este tema puede ser significativamente, o al menos en parte, moldeado por las actitudes y prioridades cristianas sobre lo que significa ser fiel a los mandamientos de Dios.39 El tener en cuenta algunas de las suposiciones en las que basamos las conversaciones acerca de los inmigrantes nos ayuda a reconocer que, aun siendo hermanos en Cristo, y a pesar de tener el mismo deseo de ser fieles a los mandamientos de Dios, podemos estar en desacuerdo en lo que concierne a la mejor manera de actuar con respecto al prójimo inmigrante. El reconocimiento de los desacuerdos cristianos genuinos y legítimos en la aplicación de los mandamientos de Dios en torno a la reflexión y a las actitudes hacia los extranjeros también actúa como freno contra las críticas injustas acerca de las diferentes posiciones en este tema tan delicado. Por un lado, los 38 Sobre el uso de los modificadores “ilegal” e “indocumentado”, ver Leopoldo Sánchez, “Immigrants Among Us: What Are Confessional Lutherans to Do”, LOGIA 19/1 (2010): 57-58. 39 Es interesante notar, por ejemplo, dentro de la tradición evangélica, cómo los diferentes puntos de partida de Hoffmeier y Carroll en sus estudios sobre inmigrantes en la Biblia dan, a sus estimaciones de la inmigración ilegal actual, un tono diferente. Hoffmeier toma, como punto de partida y marco general de referencia, la obediencia a la ley que lo lleva a resaltar la distinción entre un extranjero legal y un extraño, y por lo tanto la necesidad actual de reforzar las fronteras. Esto lleva a un fuerte énfasis en la obediencia a la ley, con una preocupación mínima sobre la justicia o no de la ley migratoria actual de los Estados Unidos para nuestros prójimos inmigrantes. Ver The Immigration Crisis, 29-57, 153-160. Carroll, por otro lado, comienza con el inmigrante como un ser humano creado a imagen de Dios, y luego resalta su identidad como un extraño con quien se debe ser hospitalario. Esto lleva a un fuerte enfoque en la disposición del cristiano de ver al inmigrante como un prójimo en necesidad y, si bien el mandamiento de obedecer la ley es reafirmado, el enfoque se dirige a la obligación del cristiano de ser un ciudadano responsable y bien informado sobre la ley migratoria y las formas de injusticia que quizás promueve. Ver Cristianos en la frontera. 22