# LCMS Convention Workbook_St. Louis Missouri_2013_S379 # Machine transcription, uncorrected — CHI Digital Archive (demonstration) THEOLOGICAL DOCUMENTS­­—COMMISSION ON THEOLOGY AND CHURCH RELATIONS Como se dijo más arriba, cuando en la iglesia se usan los mandatos bíblicos de amar y recibir al extranjero, no podemos ignorar la distinción entre el reino espiritual y temporal. También es cierto que, al hacer distinciones entre Israel y extranjeros, el Antiguo Testamento no ofrece posturas o normas sobre leyes de inmigración, hablando en general, o inmigración “ilegal”, hablando en particular. Algunas aproximaciones a los textos bíblicos que tratan sobre los inmigrantes tratan de utilizar la información bíblica para defender o justificar ciertas formas de leyes migratorias actuales.25 Pero los cristianos no deberían usar el Antiguo Testamento como excusa para amar al inmigrante en formas que disminuyen el significado de la validez de la ley según funciona hoy en las naciones-estados. De la misma manera, los cristianos deben ser cautelosos en utilizar ciertas distinciones entre Israel y los extranjeros hechas en el Antiguo Testamento para abogar por ciertas formas de ley de inmigración o de aplicación de la ley, o argumentar que tales distinciones bíblicas antiguas pueden o deben ser replicadas en términos de la relación entre ciudadanos y extranjeros nacionales en naciones-estados contemporáneos. ¿Cuál es, entonces, la actitud que debemos tener hoy hacia los inmigrantes según las Escrituras? La Escritura nos dice qué es lo que motiva el amor de Israel por su prójimo inmigrante, y lo que tal amor significa en términos concretos en tal o cual momento de la historia del pueblo de Dios. Por ejemplo: el pueblo de Dios debe amar al extranjero porque ellos también fueron extrandonde enseñamos admiten sólo algunos estudiantes de entre un gran número de solicitantes. Una persona puede desear trabajar para una empresa particular, pero la decisión de ofrecerle un puesto reside en el empleador, no en el solicitante. La membresía en las naciones es regulada cuidadosamente, requiriendo pasaportes, visas y otra documentación antes de que un extranjero pueda cruzar la frontera nacional” (“Public Policy & the Church,” 11-12). 25 Esta es la idea general de James K. Hoffmeier, The Immigration Crisis, donde el autor utiliza la información del Antiguo Testamento para argumentar a favor de la regulación de la frontera hoy día. Lo que dice es apoyado por el argumento que el único sentido del sustantivo ger del Antiguo Testamento “corresponde a un extranjero legal actual” y, por lo tanto, debe ser distinguido del significado del término “forastero” (nekhar y zar), que supuestamente correspondería hoy al “inmigrante ilegal” (p. 156, cf. p. 57); Carroll, sin embargo, critica a Hoffmeier por “agregar” a su estudio de ger “un elemento que creo es imposible de probar”, que es que ger “’era una persona que había entrado a Israel y seguido los procedimientos legales para obtener el reconocimiento como extranjero residente’(p. 52, énfasis mío).” Carroll dice que, si bien esto puede ser cierto en algunos casos, el reclamo absoluto de Hoffmeier dice más de lo que la información bíblica permite sostener: “La Ley nunca menciona algún tipo de requerimiento para entrar legalmente. Lo que sí se espera es que estos individuos obedezcan las leyes y participen en la vida religiosa de Israel; a cambio, la Ley era generoso con ellos.” Más aún, Carroll señala el caso de Rut, cuya “entrada y proceso de asimilación” en la comunidad de Israel “no trata para nada con ‘procedimientos legales’”, sino más bien con “procedimientos culturales” (cf. Capítulos 1 y 4), y de Jacob, cuando compra la tierra de Siquén (Gn. 33) como una instancia donde en el texto no se hace mención explícita de permiso legal de entrada en la tierra antes de comprarla— una suposición hecha por Hoffmeier—sino “sólo que la compró luego de mudarse a esa región (Gn. 33:18-20). Carroll concluye su crítica de Hoffmeier diciendo que “el verbo gwr [ger] tiene el significado amplio de ‘residir’, independientemente del estado legal (por ejemplo, Jue. 5:17; Sal. 15:1; Jer. 49:18, 33; 50:4).” Ver M. Daniel Carroll R., Recensión de James K. Hoffmeier, “The Immigration Crisis: Immigrants, Aliens, and the Bible”, The Denver Journal: An Online Review of Current Biblical and Theological Studies 13 (January 2010). Online: http://www.denverseminary. edu/article/the-immigration-crisis-immigrants-aliens-and-the-bible/. jeros en Egipto (Ex. 22:21, 23:9, Lv. 19:34, Dt. 10:19, 24:17-22), porque “ustedes conocen los sentimientos del extranjero” tan bien, que naturalmente deben sentir compasión por ellos (Ex. 23:9). Por sobre todo, el pueblo de Dios debe amar al extranjero porque esa es la voluntad del Señor, quien ama, provee, protege y escucha en el cielo el gemir del extranjero (Sal. 146:9, Dt. 24:15). El mandamiento de Dios a Israel de amar a los extranjeros como “a sí mismos”, también puede ser visto como un llamado divino a practicar la justicia hacia quienes a menudo son víctimas de la opresión y la maldad o confabulaciones maléficas de quienes quieren aprovecharse de ellos (Lv. 19:33-34, Jer. 7:5-7, Zac. 7:8-10). Tal amor por los extranjeros se vuelve concreto, entre otras cosas, al proveer por sus necesidades básicas de alimento y vestimenta (Dt. 10:18-19), al ser justo en el pago a los obreros (Dt. 24:14-15, Mal. 3:5), y al dar generosamente de lo que uno tiene en abundancia (Dt. 24:19-22). Aquellos en Israel que son tentados a no seguir el mandamiento de Dios de amar al prójimo extranjero “como a sí mismos”, son advertidos de “no pervertir la justicia que el extranjero merece”, para no convertirse en “culpables de pecado” (Dt. 24:15, 17) y objetos… “contra los que niegan el derecho del extranjero” (Mal. 3:5). La preocupación de Dios por el bienestar de los extranjeros generalmente se sitúa junto a textos que hablan de su compasión por las viudas, los huérfanos, y los pobres (Dt. 10:18, 24:17, 19-21, Sal. 146:9, Jer. 7:6, Zac. 7:10, Mal. 3:5). Por lo tanto, los extranjeros en medio de Israel son vistos como prójimos quienes, en su mayor parte, se encuentran entre los miembros más vulnerables y desfavorecidos de la sociedad. El Nuevo Testamento asume el mandamiento del Antiguo Testamento de amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, sean quienes sean. Pero el Nuevo Testamento también asume el testimonio del Antiguo Testamento de la compasión de Jehová por el forastero en la auto identificación de nuestro Señor Jesucristo con el forastero y en su inclusión de quienes no pertenecían a la casa de Israel durante su ministerio, fueran o no extranjeros en un sentido político. En la escena del juicio final, el Hijo del Hombre recibe en el reino de su Padre a quienes le mostraron amor ayudando a “uno de los más pequeños”. Nuestro Señor quiere identificarse con el forastero para que podamos verle a él en el forastero: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron” (Mt. 25:35, itálicas agregadas por el autor). A pesar de las varias interpretaciones de la identidad de “uno de los más pequeños” en Mateo 25,26 Martín Lutero utiliza el texto en su explicación del quinto mandamiento en su Catecismo Mayor para identificar a Cristo 26 “De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron” (Mateo 25:40, cf. 45). Sobre la diversidad de opciones de interpretación sobre este punto, ver W. D. Davies y Dale C. Allison, The Gospel According to Saint Matthew, vol. 3 (Edinburgh: T & T Clark, 1997), 428-30, cf. 421-23. 15 16 con “quienes están en necesidad y en peligro en cuerpo y vida.”27 Si bien la enseñanza bíblica puede servir específicamente como una advertencia contra el rechazo de los discípulos (“uno de los más pequeños de estos, mis hermanos”), y por lo tanto del Señor que los envió al mundo,28 tal enseñanza también ha sido utilizada en forma más amplia dentro de la catequesis luterana para promover el mandamiento de Dios de ocuparnos por el bienestar del prójimo. En ambos casos, las enseñanzas bíblicas y catequéticas presuponen la afirmación más amplia y fundamental de dar la bienvenida al extranjero en medio nuestro. Padre. Más aún, Jesús atiende la necesidad física de la hija de esa mujer gentil y la libera de la esclavitud de Satanás. Él atiende las necesidades espirituales y físicas de los extranjeros. La compasión de nuestro Señor por el extranjero, por quienes no pertenecían a la casa de Israel, que es evidente en su ministerio, es consistente con la preocupación de Jehová por los extranjeros que rodeaban y vivían entre el pueblo de Israel. En el Antiguo Testamento, tal preocupación por los extranjeros no sólo incluía un llamado a la justicia en su nombre, sino también el deseo de incorporarlos a la casa de Israel para que compartieran en las bendiciones que los hijos de Dios recibían.29 De la misma manera, nuestro Señor extiende su misericordia a la hija endemoniada de una mujer cananea o sirofenicia (Mt. 15:21-28, Mr. 7:24-30), haciendo partícipes a tales gentiles de las bendiciones del reino de su Padre. Jesús alaba la fe de la mujer cananea, afirmando implícitamente que los gentiles también están espiritualmente hambrientos, que también pueden confiar en el Hijo que Dios ha enviado, y que también pueden ser hijos de Dios el 27 “Con razón Dios llama asesinos a todos aquellos que no aconsejan ni ayudan en las calamidades y peligros corporales y de la vida en general. Y en el día del juicio pronunciará Dios horrible sentencia contra los mismos, como Cristo anuncia, diciendo: ‘Tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis’, lo cual es como si dijera: Habéis dejado que yo y los míos pereciésemos de hambre, sed y frío; que las fieras nos desgarrasen; que nos pudriésemos en una celda y feneciésemos en la miseria.’” El Catecismo Mayor [Nota: de ahora en más CMa), Los Diez Mandamientos, 191, en el Libro de Concordia: Las Confesiones de la Iglesia Evangélica Luterana editado por Andrés A. Meléndez (St. Louis: Concordia Publishing House, 1989), p. 413 [Notaa: de ahora en más LC]. 28 Ver Jeffrey A. Gibbs, Jerusalem and Parousia: Jesus’ Eschatological Discourse in Matthew’s Gospel (Jerusalén y Parousia: El discurso escatológico de Jesús en el Evangelio de Mateo), (St. Louis: Concordia Publishing House, 2000). 29 Aun cuando Carroll y Hoffmeier difieren significativamente en el enfoque con que leen la información del Antiguo Testamento con respecto a los extranjeros, ambos hablan sobre la posibilidad de que, de acuerdo con el Antiguo Testamento, los extranjeros participaran de las bendiciones espirituales del pueblo de Israel. Sin embargo, Hoffmeier dice que tal participación espiritual dependía de su previa aceptación como “inmigrantes legales” en la tierra de Israel. Ver Hoffmeier, The Immigration Crisis, 89-96; Carroll cree que el punto de vista de Hoffmeier, el cual se basa en una interpretación limitada de ger y grw como términos que se refieren exclusivamente a extranjeros “legales”, es problemático cuando se aplica en una manera absoluta (ver su crítica de Hoffmeier en n. 25 arriba). No obstante estas lecturas de la información del Antiguo Testamento, en la era del Nuevo Testamento todavía sigue siendo problemático decir que, para que los inmigrantes puedan participar de las bendiciones de la iglesia o del Israel espiritual en los Estados Unidos hoy, primero deben ser residentes o ciudadanos legales de la nación-estado temporal. El Nuevo Testamento no impone tales condiciones temporales para convertirse en hijos de Dios a través de la fe en Cristo. 17 379 La compasión de nuestro Señor por quienes estaban fuera de la casa de Israel también se hace evidente en su encuentro con la mujer samaritana (Jn. 4:3-43) a quien hace, a través de una promesa, heredera del “don de Dios” y “del agua viva” (referencias ambas al don del Espíritu que viene del Hijo, cf. Jn. 7:37-39). El alcance de la compasión de nuestro Señor por una samaritana— despreciada por los judíos—nos enseña que el don del Espíritu, el acceso a Dios a través de la adoración “en espíritu y en verdad”, y el privilegio de ser un testigo del Mesías, están a disposición incluso para los de afuera de la casa de Israel y, a través de su testimonio, para sus ciudades y comunidades. En el ministerio de proclamación y sanidad de Jesús, por lo tanto, vemos la continuación de la preocupación de Jehová por los extranjeros, ocupándose de sus necesidades temporales (físicas) y espirituales, y extendiendo su misericordia a los miembros de sus familias y comunidades.30 El testimonio del Antiguo Testamento a la compasión de Jehová por el extranjero también lo vemos en la enseñanza apostólica de San Pablo acerca de la hospitalidad.31 La preocupación de los primeros cristianos por el prójimo necesitado iba más allá de los confines de la comunidad de fe. Al llamar a la iglesia en Galacia a “hacer bien a todos”, el apóstol enseña que la iglesia sirve “especialmente”, aunque no exclusivamente, “a los de la familia de la fe” (Gál. 6:10). El apóstol instruye a la iglesia cristiana en Roma a “ayudar a los hermanos necesitados y practicar la hospitalidad [a los extranjeros]” (Ro. 12:13). Estas exhortaciones apostólicas a las iglesias cristianas de mostrar hospitalidad con todos los extranjeros, reflejan y son consistentes con el mandamiento de Jehová a Israel de reflejar su amor a los extranjeros. Para resumir debemos reconocer que, si bien las Escrituras proféticas y apostólicas presentan amplia evidencia de la voluntad de Jehová de que su pueblo ame a los forasteros y extranjeros ocupándose de sus necesidades 30 Reconocemos, por supuesto, que nuestro Señor también da cierta prioridad a la casa de Israel (Mt 15:24), y que el dictado bíblico de preocuparse por el bienestar de los demás siempre debe comenzar con aquéllos a quienes Dios ha puesto más cerca nuestro en nuestra vida terrenal (Mc. 7:10-12; Gál. 6:10). 31 Para un intento contemporáneo de describir la vida moral utilizando el valor bíblico de hospitalidad al extranjero como una “metáfora global”, ver Thomas W. Ogletree, Hospitality to the Stranger: Dimensions of Moral Understanding (Louisville: Westminster/John Knox, 2003). Basándose en parte en Resident Alien, por Stanley Hauerwas y William H. Willimon (Nashville: Abingdon, 1989), Castelo dice que muchos hispanos en los Estados Unidos son “dos veces extranjeros”, tanto como cristianos en un país hostil al Evangelio, y como extranjeros ilegales en el campo político. Esta realidad es un recordatorio constante a la iglesia de su obligación de discernir críticamente lo que significa ser cristiano en tierra extranjera. Esto implica, en parte, la obligación de los cristianos de discernir si las leyes civiles y las entidades políticas actuales promueven una situación justa, y de extender hospitalidad a los extranjeros. Ver Daniel Castelo, “Resident and Illegal Aliens,” Apuntes: Reflexiones teológicas desde el margen hispano 23/2 (Verano 2003): 65-77. 18 2013 Convention Workbook