# LCMS Convention Workbook_St. Louis Missouri_2013_S378 # Machine transcription, uncorrected — CHI Digital Archive (demonstration) 378 THEOLOGICAL DOCUMENTS­­—COMMISSION ON THEOLOGY AND CHURCH RELATIONS I. Prójimos inmigrantes del pasado y actuales: ¿Cómo debe la Escritura guiar las actitudes hacia los inmigrantes? Cuando tratamos el tema específico de la inmigración ilegal, debemos reconocer que hay un problema básico de interpretación: la Escritura no trata específicamente la pregunta de cuál debe ser la actitud de la iglesia hacia los inmigrantes “ilegales” o “indocumentados”. La Escritura trata de la actitud básica de la iglesia hacia los inmigrantes (extranjeros, residentes temporales o peregrinos, forasteros) que viven en medio del pueblo de Dios, sin hacer que sus enseñanzas dependan del estatus de legalidad de esos inmigrantes. Si bien en un principio este problema puede dejarnos perplejos, el reconocerlo nos permite, por un lado, evitar dar respuestas bíblicas a un tema sobre el que la Escritura no habla directamente y, por otro, apreciar en su totalidad los valores bíblicos fundamentales que deben informar como punto de partida las acciones de la iglesia entre los inmigrantes, más allá de su estatus en la sociedad. Los inmigrantes son, simplemente dicho, prójimos. Como prójimos, los inmigrantes deben ser vistos bajo la ley de Dios que nos llama a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Mientras que la palabra hebrea rea (‫ )ֵרַע‬en el mandato de Dios de amar al “prójimo” se aplica primero y más inmediatamente al pueblo de Israel, el término también incluye a quienes están fuera de la comunidad del pacto—incluyendo el ger (‫ )ֵּגר‬o extranjero.13 “No opriman a los extranjeros que habiten entre ustedes. Trátenlos como si fueran sus compatriotas, y ámenlos como a ustedes mismos, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto. Yo soy el Señor su Dios” (Lv. 19:33-34, cf. Lv. 19:18, itálicas agregadas). Este texto representativo ofrece la narrativa y guía básica del Antiguo Testamento para establecer un consenso bíblico sobre las actitudes que agradan a Dios hacia los inmigrantes, los extranjeros o quienes están de paso, como “prójimos” a quienes debemos amar como a nosotros mismos. El Nuevo Testamento asume las enseñanzas y valores del Antiguo Testamento a este respecto, resaltando el uso amplio del término plesion (πλησίον) para incluir las relaciones caracterizadas por una preocupación por el bienestar de quienes están fuera de los lazos religiosos, políticos y étnicos que unen al pueblo de Israel entre sí (por ejemplo: enemigos, samaritanos).14 13 “De acuerdo a Lv. 19:18, el mandamiento de amar a nuestro prójimo se aplica inequívocamente hacia los miembros del pacto de Jehová, pero no evidentemente hacia todos los hombres. Es cierto… que Lev. 19:34 también impone una obligación hacia el ger que vive en la tierra (cf. Dt. 10:19), y las mismas palabras son usadas en esta conexión así como Lv. 19:18 las utiliza con referencia a los israelitas… El mandamiento, por lo tanto, tiene una extensión decisiva.” Johannes Fichtner, πλησίον, en Theological Dictionary of the New Testament [Nota: de ahora en más TDNT], vol. 6 (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1968), 315. 14 En Mt. 22:39 y Mc. 12:31 (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”), Jesús hace referencia a Lv. 19:18. Haciendo πλησίον un término que incluye el amor a nuestros enemigos y perseguidores La palabra hebrea ger puede ser traducida de muchas maneras: extranjero, extraño, inmigrante, forastero, peregrino o alguien que está de paso.15 Al mirar el llamado que estos textos hacen de amar al extranjero, sin embargo, debemos tener cuidado de no transferir una interpretación contemporánea, o leerlos de manera anacrónica. Una aproximación común a dichos textos de la Escritura hoy tendería a argumentar que el amor por el prójimo inmigrante en la Escritura ignora los problemas importantes relacionados con las leyes actuales inmigración.16 Sin embargo, debe notarse que los inmigrantes del Antiguo Testamento no vivieron en nuestra era moderna de naciones y estados soberanos donde la inmigración está mucho más regulada por las leyes.17 Si bien el mandato bíblico de amar y recibir al extranjero en nuestro medio como a nuestro prójimo es ley de Dios, no podemos ignorar las demandas que las leyes civiles imponen a los ciudadanos e inmigrantes por igual en los Estados Unidos de hoy día y en otros países. Más aún, debemos afirmar el derecho del estado de establecer leyes y normas con respecto a la inmigración, incluyendo leyes que limitan la inmigración de diversas maneras para la protección y el bienestar de sus ciudadanos. Temas como la seguridad nacional y el tráfico humano, por ejemplo, son áreas que necesitan ser legítimamente gobernadas para frenar el mal y promover el bien (Ro. 13:3-4). (Mt. 5:43-48), o un judío siendo ayudado por un buen samaritano (Lc. 10:25-37), Jesús define al “prójimo” más universalmente o de una manera que trasciende las relaciones entre el pueblo de Israel—como un pueblo que comparte una religión o una identidad política—para incluir todas las clases de prójimos que necesitan nuestras oraciones y ayuda. Ver Heinrich Greeven, πλησίον, ein TDNT, vol. 6 (1968), 316-317; Fichtner nota que, ya en la elección del Antiguo Testamento griego (Septuaginta) de traducir ‫ ַעֵר‬como πλησίον, tenemos el uso de “un término tan amplio y general y que de ninguna manera está restringido a los miembros del pacto.” Ibíd., 315. 15 Ver también Ex. 22:21, 23:9, Dt. 10:18-19, 24:14-15, 24:17-22, Sal. 146:9, Jer. 7:5-7, Zac. 7:8-10, Mal. 3:5. 16 Amstutz y Meilander dicen que las declaraciones públicas sobre inmigración hechas por muchas iglesias prominentes que hacen más énfasis en el amor por el inmigrante que en la aplicación de la ley, por lo general no tratan correctamente otros factores como “los propósitos de la política, las relaciones entre los de adentro y los de afuera, y las bases de orden internacional.” Mark Amstutz y Peter Meilander, “Public Policy & the Church: Spiritual Priorities”, The City (Primavera 2011), 13. Los autores ofrecen como ejemplos de una postura “unilateral” la resolución del 2009 sobre temas de inmigración de la Asociación Nacional de Evangélicos (NAE), la carta pastoral conjunta del 2003 emitida por los Obispos Católicos de México y de los Estados Unidos en referencia a la migración, y la resolución sobre normas sociales del 2009 de la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA) sobre la reforma migratoria (pp. 4-5). 17 “Al contrario del mundo de Éxodo y Levítico, o del que José y María tuvieron que huir a Egipto, el mundo contemporáneo está formado por naciones-estados independientes, reconocidos como entidades soberanas por las leyes internacionales, entre las cuales se encuentran los derechos (y obligaciones) soberanos de controlar el pasaje de personas a través de las fronteras internacionales y regular la distribución de ciudadanía nacional.” “Public Policy & the Church”, 8-9; Hoffmeier argumenta, por otro lado, que las “naciones y estados, grandes y pequeños, en el mundo bíblico estaban delineados por fronteras y a menudo eran defendidos por grandes fuertes y destacamentos militares.” Ver James K. Hoffmeier, The Immigration Crisis: Immigrants, Aliens, and the Bible, (Wheaton, IL.: Crossway, 2009), 153. Su argumento está expuesto en el segundo capítulo de su libro (pp. 39-57). 11 12 También debe reconocerse que, en los tiempos del Antiguo Testamento, la ley de Dios gobernaba tanto los asuntos espirituales del pueblo de Israel, como los temporales. En tales circunstancias, los extranjeros no eran ipso facto o automáticamente receptores de los beneficios espirituales y temporales del pueblo Dios. Un estudio más comprensivo del uso de ger en Deuteronomio muestra un panorama más complejo con respecto a la relación de los extranjeros con Israel. Mientras que el texto representativo de Levítico 19:33-34 y otros similares muestran el llamado consistente de Dios a Israel a amar y cuidar a los extranjeros en su medio, otros textos pueden ser leídos como si no todos los extranjeros tuvieran el mismo estatus que los israelitas.18 gios temporales bajo las leyes que gobiernan los asuntos del pueblo de Dios. De la misma forma, en el contexto actual de naciones-estados, en donde las responsabilidades del estadio hacia los ciudadanos tienen prioridad sobre las responsabilidades hacia los extranjeros, se asume una falta de igualdad en lo que a estatus ante la ley se refiere.21 Por ejemplo, sabemos que a un extranjero con visa de turista se le permite visitar los Estados Unidos por un tiempo limitado, pero no se le permite trabajar en el país. Más aún, un residente permanente legal22 de los Estados Unidos tiene el privilegio de trabajar y ganarse la vida en el país, pero no puede votar en las elecciones estatales y nacionales, ni servir en jurados. Sin embargo, ¿debemos asumir que estas distinciones hechas en la actualidad entre ciudadanos y extranjeros encuentran su base bíblica en las distinciones del Antiguo Testamento entre Israel y los extranjeros en su medio? Así como es peligroso utilizar la información del Antiguo Testamento anacrónicamente para argumentar a favor del amor por el extranjero sin tener en cuenta la ley civil hoy, también es peligroso utilizar distinciones entre Israel y extranjeros en el Antiguo Testamento para defender distinciones similares en la ley actual de inmigración y seguridad de las fronteras. Esta situación, en donde los extranjeros no reciben todos los beneficios temporales que reciben los miembros de un grupo establecido se debe, en parte, a la relación entre el parentesco y la herencia y propiedad de la tierra que caracterizó a la sociedad israelita y a otras del cercano oriente—una red que ya no estaba disponible para los inmigrantes que se mudaban a Israel y dependían, en parte, de la misericordia del pueblo de Dios.19 Y otra razón por la cual a veces no incorporaban extranjeros en los beneficios temporales (e incluso espirituales) del pueblo de Dios puede simplemente encontrarse en la dureza del corazón de Israel hacia los prójimos vulnerables y desfavorecidos incluso entre su propio pueblo—un problema conocido en la historia del pueblo de Dios y condenado por la Escritura.20 Aun en el Antiguo Testamento, el llamado de Dios a Israel de recibir y amar al extranjero no se traduce necesariamente en darles los mismos privile- 18 Ver Luis R. Rivera Rodríguez para un ejemplo de un autor que exagera el significado de la distinción bíblica en el estatus entre los israelitas y los extranjeros. Él ve las leyes de Deuteronomio como parciales y perjudiciales para el extranjero. “Immigration and the Bible: Comments by a Diasporic Theologian”, Perspectivas: Occasional Papers 10 (2009): 23-36, especialmente 31. Para una aproximación más positiva en general a la forma en que Israel trataba a los extranjeros en su medio, comparar el comentario de M. Daniel Caroll R.: “La ayuda para el necesitado tenía que ocurrir a varios niveles: familias individuales (daban descanso el sábado, incluyendo a los extranjeros en las celebraciones), la comunidad (ley de recoger el sobrante), lugares de trabajo de cualquier clase (pago de salarios), centros religiosos (recolección del diezmo), y en las puertas de la ciudad con los ancianos u otras reuniones legales (imparcialidad en asuntos legales). Ver Cristianos en la frontera: La inmigración, la Iglesia y la Biblia (Lake Mary, Florida: Casa Creación, 2009), 96. 19 “El desafío que los extranjeros —aquellos inmigrantes o refugiados que se habían mudado a Israel—enfrentaban cuando llegaban a la tierra consistía en que ellos habían dejado su línea de parentesco. Por consiguiente, quedaban sin la ayuda que sólo una familia ampliada podía ofrecer. Como extranjeros, ellos también fueron excluidos del sistema de tenencia de tierra. Los extranjeros, por lo tanto, podrían en particular ser vulnerables a lo inesperado y a las ásperas pruebas de la vida. Sin tierra ni parientes, muchos extranjeros dependían de los israelitas para trabajar, tener provisión y protección… Por lo visto, unos cuantos tuvieron éxito, pero parecían ser la excepción a la regla (Lv. 25:47).” Cristianos en la frontera, 93-94. 20 “Los profetas protestaron contra aquellos israelitas que no aceptaban la responsabilidad de tener cuidado por esa gente. Eso era una violación a su fe en el Señor, que no toleraría tal desobediencia (Jer 22:3; Ez 22:7, 29; Mal 3:5; cf. Sal 94:6). La religión verdadera era inseparable de la ética caritativa con los que estaban en desventaja (Jer 7:4-8; Zac 7:8-10).” Cristianos en la frontera, 94. 13 2013 Convention Workbook Dado el contexto de la era del Nuevo Testamento, donde “Israel” se refiere a la iglesia y no a una entidad política particular, debemos ser cuidadosos de no usar las leyes temporales y políticas de Israel como “un” o “el” plano bíblico para defender o diseñar las normas o leyes modernas de la naciónestado.23 En la era del Nuevo Testamento, por ejemplo, es posible hablar de cristianos inmigrantes como pertenecientes al “Israel” espiritual y, por lo tanto, como nuestros hermanos en Cristo y herederos de todos los derechos y beneficios espirituales de los hijos de Dios. Al mismo tiempo, en términos del estado temporal de la actualidad, podemos decir que estos mismos inmigrantes pueden residir en la nación en forma legal o ilegal. Por un lado, como el Israel espiritual, los cristianos inmigrantes participan de todas las bendiciones espirituales del pueblo de Dios a través de la fe en Cristo. Pero al mismo tiempo se puede admitir que, bajo el gobierno temporal y sus leyes, estos mismos hermanos no comparten con los ciudadanos cristianos los mismos derechos y privilegios temporales bajo la ley civil en todos los casos.24 21 Mark Amstutz y Peter Meilaender argumentan que, en una democracia representativa, la existencia misma de leyes de inmigración asume “una preferencia por los intereses de nuestros compañeros ciudadanos antes que por los forasteros”; “Public Policy & the Church”, The City, 4 (2011): 8. 22 Ver Apéndice II para una definición legal de este término. 23 Para un ejemplo representativo de una discusión con respecto al Israel del Antiguo Testamento como tipo de Jesús (el Nuevo Israel reducido a uno), y de la iglesia cristiana (el Nuevo Israel a través de la fe en Cristo), así como de la naturaleza espiritual (y por tanto no temporal) de la iglesia en el Nuevo Testamento, ver CTCR, Los “Últimos Tiempos”: Un estudio sobre escatología y milenialismo (1989); en http://www.lcms.org/page.aspx?pid=683. 24 Partiendo de la distinción entre los dos reinos, Amstutz y Meilaender ofrecen ejemplos donde la ética bíblica y las normas estatales no son sinónimos: “Todas las personas, por ejemplo, llevan la imagen de Dios y, por lo tanto, poseen la misma innata dignidad humana. Pero esta dignidad equitativa no provee automáticamente derechos de membresía. Las universidades 14